¿Es posible salir de la adicción? Si, con más amor, no más dolor.
Salir de la adiccion

¿Es posible salir de la adicción? Si, con más amor, no más dolor.

Cuando pensamos en un adicto hay dos perspectivas sobre esta enfermedad: En la primera se dice el cerebro está químicamente “secuestrado” por las drogas o por las conductas compulsivas (juego, sexo, compras…), que dejan a la persona sin control sobre sus conductas o decisiones, siendo una enfermedad que avanza de forma crónica y progresiva. La segunda perspectiva habla de que esa persona es dice que yo era simplemente una delincuente egoísta, débil y sin fuerza de voluntad, a quien no le importaban los demás, como, por desgracia y desconocimiento, la mayoría de la gente aún cree. Cuando el adicto es un ser querido, pensamos la primera explicación, pero cuando no lo es, nos inclinamos por la segunda.

La adicción es un problema de aprendizaje, una diferencia en el modo en que el cerebro hace conexiones que afecta la manera como procesamos la información sobre la motivación, la recompensa y el castigo. Este comportamiento adictivo se moldea por influencia genética y el entorno durante el desarrollo de la persona.

Los estudios muestran que la adicción altera la interacción entre las regiones medias del cerebro como el tegumento ventral y el núcleo accumbens, que están ligados con la motivación y el placer, así como partes de la corteza prefrontal que ayudan a tomar decisiones y a establecer prioridades. Estas redes determinan a qué le damos valor para poder asegurar que logremos ciertas metas biológicas importantes, concretamente la supervivencia y la reproducción.

Básicamente, la adicción ocurre cuando estos sistemas cerebrales están enfocados en objetivos incorrectos: un comportamiento drogadicto o de autodestrucción como apostar en exceso en lugar de enfocarse en una nueva pareja o un bebé. Una vez que sucede, puede causar grandes problemas.Esta visión sugiere que la adicción distorsiona las decisiones, pero no elimina totalmente el libre albedrío: después de todo, nadie se inyecta frente a la policía. Esto significa que los adictos pueden aprender a tomar acciones que mejoren su salud

A diferencia de solo memorizar las tablas de multiplicar, el aprendizaje profundo y emocional altera completamente el modo en que decides qué es lo que más te importa, por eso recuerdas mejor quién era tu amor platónico en la secundaria que lo que aprendiste en esa época en matemáticas.

Simplemente se aprendió un modo incorrecto de sobrellevar los problemas.

En 2007, después de analizar información general de docenas de estudios a lo largo de cuatro décadas, se encontró que tratamientos empáticos y de empoderamiento del paciente, tales como terapia cognitiva y terapia motivacional, que alimentan la disposición interna a cambiar, funcionan mucho mejor

Esto tiene sentido porque el circuito que en condiciones normales nos conecta socialmente a unos con otros se ha canalizado hacia la búsqueda de drogas. Entonces, para que nuestros cerebros vuelvan a la normalidad necesitamos más amor, no más dolor.

De hecho, los estudios no han encontrado evidencia favorable sobre los tratamientos severos y de castigo, como el encarcelamiento, los tratamientos humillantes y las típicas “intervenciones” en las que las familias amenazan con abandonar al adicto. La gente adicta ya está dispuesta a pasar por experiencias negativas a causa de sus circuitos cerebrales, así que más castigo no va a cambiar esto.

Las investigaciones también muestran que la mitad de todas las adicciones —a excepción del tabaco— se acaba cuando cumplimos 30 años de edad, y la mayoría de la gente con adicciones al alcohol y las drogas las superan, casi siempre sin tratamiento. Dejé las drogas cuando tenía 23 años de edad. Siempre pensé que las había dejado porque finalmente me había dado cuenta de que mi adicción me estaba dañando.

Una vez que entendamos que la adicción no es un pecado ni una enfermedad progresiva, sino que simplemente surge de una conexión cerebral distinta, podremos dejar de insistir en estrategias que no funcionan y comenzar a enseñar otro tipo de recuperación.

Así pues, si la compulsión que sustenta la adicción se dirige hacia canales más saludables, este tipo de conexión cerebral puede ser benéfico y no solo una desventaja. Después de todo, persistir a pesar del rechazo no solo me llevó a la adicción, también ha sido indispensable para mi sobrevivencia como escritora. La habilidad de persistir es un valor: la gente con adicciones solo necesita aprender cómo redirigirla.

Creado en: 19 noviembre, 2018, por : ATIEMPO Adicciones

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