Querer no es poder

Querer no es poder

Querer no es poder

Igual el titulo choca al leerlo de primeras, pero es necesario reflexionar sobre diversas creencias que imperan en nuestra sociedad actual y que limitan o perjudican más de lo que ayudan.

Durante mucho tiempo el dogma “querer es poder” nos ha calado de lleno en el subconsciente, no podemos obviar que es una frase muy positiva y motivadora, pero que se escapa de la realidad cuando lo aplicamos en diferentes ámbitos. Y me refiero obviamente al campo de las adiciones. Nos han hecho pensar que las adicciones tienen que ver con la falta de voluntad, con ser un vicioso, con la debilidad, de mala persona o egoísta…, y para nada más lejos de la realidad. Es verdad que habrá de todo, porque por un lado está la persona individual con su idiosincrasia o características personales y por otro lado el padecer una enfermedad como la adicción, pero muchas de las creencias que tenemos vienen del desconocimiento o desinformación de lo que son las adicciones y de cómo funcionan. Y esto desgraciadamente complica la recuperación, ya que se peca socialmente de tildar o etiquetar a muchas personas, dificultando el cambio y la recuperación.

Ponemos un ejemplo que ayude a comprender lo que se quiere trasmitir.

Imaginemos una mujer, de mediana edad, trabajadora y con familia, hijos y marido, a su cargo. Desde hace un tiempo a comenzado a incluir en su rutina una poco de vino, una copita inocente y que socialmente podría estar muy aceptada, algo muy sutil y aparentemente inofensivo a priori. Llega a casa cansada del trabajo y desbordada por el estrés, no tiene tiempo para y quizás ni dinero para poder hacer planes o actividades gratificante y “se premia” con una copa de vino al llegar a casa que “le ayuda” a desconectar un poco del día a día y de los problemas. Poco a poco esos “encuentros” van aumentando y las cantidades también. Comienza a verse a ella misma, comprando botellas a escondidas, a beber cuando no hay nadie en casa, a poner excusas para no salir, a fingir que se encuentra con migrañas cuando tiene resaca porque “esa copita” se le ha ido de las manos. En definitiva, empieza a gestarse la adicción, en este caso al alcohol.

Si esta mujer, como la mayoría de la sociedad por desgracia, tiene esa concepción errónea de lo que es una adicción, ¿creéis que va a contar lo que le está pasando a su familia? ¿Qué sentirá vergüenza o culpa? ¿Qué pensará que sus hijos la culparan de mala madre o de ser una egoísta que no piensa en la familia? ¿Qué su marido la abandonará? ¿Qué creerá que tiene que solucionar ese problemilla sola con fuerza de voluntad y no contarlo a nadie?

Esto provoca que muchas adicciones se cronifiquen y lleguen a un punto de mucho dolor y sufrimiento hasta que sea imposible ocultarlo al entorno, y donde la ayuda llega mas tarde de lo que se desearía. Tenemos que tener claro que la adicción es una enfermedad, que nadie decide ser adicto, y que la decisión de recuperarse es necesaria pero no suficiente si no se acompaña de un tratamiento adecuado que aborde todos los aspectos involucrados, que no son pocos.

Creado en: 18 diciembre, 2018, por : ATIEMPO Adicciones

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